Pánico
Una madrugada recurrió a las palabras de un viejo y frívolo escritor, jamás hubiera imaginado que detrás de ellas se ocultaban los tristes pensamientos de cualquier ser mortal. Pasó algo extraño. Al concluir la lectura notó que sus mejillas estaban húmedas. Tenía algo en su pecho, algo así como un dolor. Un dolor que latía fuerte.
De los 73 años que llevaba viviendo en esa pocilga, ésta era la primera vez que lo notaba. Ya no le eran indiferentes los roedores e insectos que habitaban en su espacio; de hecho, descubrió que ciertas partes de su cuerpo reaccionaban de forma desagradable ante semejante contexto. Creía que algo andaba mal, y desesperó al notar que estaba experimentando la duda, algo típico de un ser mortal. Sintió miedo al ver cómo pasaba por la fase humana de la desesperación ¿Cómo controlaría algo que jamás hubiera imaginado que pasaría? Estaba cobrando vida, eso lo aterró.
Rápidamente notó que él era tan sólo un hombre más, débil y angustiado, y estaba viviendo. Y de eso se trataba. Algo tan efímero como la vida misma consistía en existir, en ser alguien. Y a falta de lo esencial aparecía el pensamiento. No tenía metas, no poseía naturaleza. Y ahí estaba esa eternidad que lo caracterizaba, la eternidad de no haber encontrado su existencia y que ésta haya concluido así.
Algún día lo terminaré, por ahora, son sólo palabras.
Cuántas botellas vacías dejé
Detrás de tanta confianza hay tanta desconfianza...
I want a trip trip trip
La venganza
Todo pasó en la fría noche del 13 de diciembre. Sus vísceras decoraban la sala como guirnaldas, mi corazón ya no latía dentro de él. Le daría una noche que jamás olvidaría… Pero esa noche la olvidó. 13 de diciembre, su último día. 7 p.m. sonó el timbre. Era él. La noche perfecta, y la última. Una cena a la luz de las velas, 19 rosas y dos muertes. ¿O una? El vino estaba delicioso. No tanto como su sangre, claro. Lo noté tenso toda la noche, pero jamás pensé que haría lo que hizo. Comenzó con besos y caricias, terminó con un cuchillo atravesando mi cadáver. Dijo Romero: “Cuando no haya más lugar en el infierno, los muertos caminarán sobre la tierra”. Y a mí el diablo no me dio la bienvenida. Estaba muerta. Desperté. ¿Estaba muerta? Mi piel tomó un aspecto pálido muy fuera de lo común. El puñal seguía en mi cuerpo, pero no sentía el frío del metal. No sentía nada. Bajé las escaleras. Allí estaba el maldito, cenando mi corazón. Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío y se come despacio, pero yo tenía mucha hambre. Me acerqué. Él no se percató de mi presencia (Claro, estaba muerta). Tomé un cuchillo y no dejé de apuñalarlo. Lo tiré sobre la mesa y comencé con una macabra disección… ¡No me resistí a la tentación! Era la versión muerta y femenina de Hannibal Lecter… Pasé la noche degustando el manjar de su cuerpo. No encontré mi corazón, pero así estoy bien. Pasaron los días y nadie sabía nada, nadie sabrá nunca lo ocurrido, siguen buscando al asesino inexistente. Supongo que será un misterio para ellos, es más fácil creer que los zombis sólo existen en las películas. Pero aquí estoy… De día tan solo soy otro cuerpo bajo tierra, de noche soy una muerta con hambre.

